Un Reino de los Niños
Hace como 10 años, tuve la oportunidad de predicar (con traducción) a una congregación colombiana costal. Después del servicio del domingo un niñito me pidió tomar una fotografía de mi y un líder de una iglesia cercana. Este líder, un poco arrogante, no tenía ninguna autoridad pero solo era invitado a un taller para ministros y otros líderes.
El níno, con permiso, era como mi sombra por tres días y siempre estaba listo para tomar fotos. En aquel entonces no había teléfonos inteligentes ni selfies. Cuando mi pequeño fotógrafo vio una buena oportunidad para hacerme una fotografía, yo podía sentir el toque de su mano y escuchar su voz suave. «Foto, foto, puedo tomar una foto?» El resultado fue muchas fotografías de buena calidad.

Antes de que yo pudiera darle mi camara a mi amiguito, el líder nos interrumpió. “¡No, No, No, No!” dijo él, regañando severamente al niño diciéndole que se vaya.
Un malentendido claro, pero muy incomodo. ¿Que podía hacer yo? ¿Debo despedir fríamente al pequeño con el que me había unido anteriormente y que solo me quería proveer algunas fotos de mi viaje a la costa de Colombia?
Además, mi amiguito acabó de escucharme predicar un sermón que se trató de Jesucristo y como él reprendió a los discípulos por impedir a los niños de pasar tiempo con él.
13 Llevaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orara por ellos, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban.
14 Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos».
Matéo 19:13-14 NVI
Yo no estaba allá por violar la cultura. Sin embargo, me metí entre los dos y respondí en mi español limitado, “¡Sí, Sí, Sí, Sí!” a lo que me respondió de nuevo, “¡No, No, No, No!”. Finalmente me fui con mi amiguito a mi lado. Es posible que haya violado una cultura que reprendería a un niño por pedir ser útil, pero decidí responder a una llamada superior.
Para Jesucristo la manera de tratar a los niños fue muy importante para entender correctamente el reino de Dios.
En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:—¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?
2 Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos.
3 Entonces dijo:
—Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.4 Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.
5 Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí.
Matéo 18:1-5 NVI
Como demasiados cristianos hoy, esos discípulos arrogantes de Jesús pensaron en términos de estatus y poder personal. Jesús no lo hizo.
Así que Jesús llamó a un niño y declaró que en vez de imitar adultos arrogantes, hay que volverse como niños.
Las multitudes que siguieron a Jesús no eran personas de afluencia ni estatus. Durante tres años, Jesús se había enfrentado a hipócritas religiosos que oprimían a los vulnerables.
Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí.
¿Qué tal al día de hoy? ¿Qué piensa Jesucristo en los niños vulnerables hoy?. ¿Qué piensa él sobre …
- Las representaciones diarias de niños refugiados separados de sus padres por las autoridades estadounidenses.
- Niños perdidos en el sistema de migración que no pueden reunir con sus padres
- Videos de niños hispanos traumatizados en redadas de ICE
- El tratamiento de los niños como daño colateral desechable para desalentar a otros refugiados.
- El maltratamiento de sus padres en centros de detención, los que solo querían mantener a sus niños, muchos de los cuales son ciudadanos estadounidenses.
Con cualquier autoridad que pueda tener como discípulo de Jesucristo, yo condeno este «esfuerzo disuasorio de inmigración» como el reinado de terror que es, así como el lenguaje tóxico que envalentonó a un supremacista blanco para atacar a un pueblo que Jesús me enseñó a amar.
Estos no son violadores. Estos no son traficantes de drogas. Estas no son malas personas. Estos no son invasores.
Estas son personas con simples esperanzas y sueños, y una fe en este país que no merecemos.
Sobre todo, estos son mis hermanos y hermanas en el Reino de Dios, y los amiguitos de Jesucristo.
Ellos también le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?”
Él les responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí.
Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
— Matéo 25: 44-46

